Paciente: Necesito hablar con Marta.
Yo: ¿
Necesitás?
Paciente: Sí,
es imprescindible para mí.
Yo: ¿Que pasaría si
no lo hicieras?
Paciente: Y... me sentiría muy mal.
Yo: ¿
Se pondría en juego tu existencia?
Paciente: Sí.
Yo: Yo no te creo.
Paciente: Bueno...
tanto como mi existencia...
no.
Yo: Compará tu "necesidad" para con Marta con tu necesidad de oxígeno, por ejemplo.
Paciente: Claro,
es diferente.
Yo: ¿Podrías decirlo de otra manera, entonces?
Paciente: ...
Me gustaría hablar con Marta.
Yo: Otra.
Paciente: ...
Es importante para mí hablar con Marta.
Yo: Otra.
Paciente: Me haría bien hablar con Marta.
Yo: Aquí aparece otra vez el prejuicio. ¿
Te haría bien? ¿
Y si Marta te manda a la mierda? ¿Te haría bien?
Paciente: Está claro,
pero yo quiero hablar con ella.
Yo: Repetí eso.
Paciente: Quiero hablar con ella.
Yo: ¿Cómo te suena?
Paciente: Bien. Muy bien.
Yo: Tratá de darte cuenta si
detrás de tu aparente necesidad,
no te escondés de vos mismo. Cuando decís "necesito", no te hacés
responsable (responsabilidad, etimológicamente significa:
capacidad para responder).
La necesidad parece algo que está fuera de mí. Yo no tengo nada que ver.
Me someto a algo que es imprescindible para mí.
Yo quiero, en cambio,
es una expresión comprometida con todo mi ser.
Yo quiero, implica una elección.